Entrevista a Francisco Mora

Bilbao, 30 de diciembre de 2018


ENTREVISTA A FRANCISCO MORA  («o de cómo entender la neuroeducación»)

Todos hemos escuchado y leído a Francisco Mora Teruel. Su capacidad para comunicar hace que lo difícil parezca fácil; que lo teórico suene a literario; Francisco sabe emocionar con sus palabras, aunque hable de temas, a priori áridos, como la neurociencia.


De Francisco he aprendido sobre lo profesional y lo cotidiano. Me explicó que para escoger bien restaurante hay que conocer su índice de reposición (o algo así); es decir, cuántas veces se llena y vacía en cada turno. Tengo el honor de haber vivido esa experiencia probablemente el día que empezó a cobrar vida su libro Neuroeducación, después de la charla que nos ofreció en Bilbao, en 2010, cuando vino a satisfacer mi petición: «¿Qué podemos aprender para la educación, del conocimiento que tenemos del cerebro?»

Francisco, me pide que coloque este pie de foto: «El maestro es la joya de la corona de un país». ¡Buen homenaje a la profesión!


Vamos con la entrevista.


JB.- Observo un dilema entre refranes y sentencias. Usted subtitula en su libro «Neuroeducación; -sólo se puede aprender aquello que se ama-«; en cambio, un conocido refrán dice «la letra con sangre entra». En pleno siglo XXI, ¿son compatibles o aceptables ambos mensajes?

FM.- Sin duda que se puede aprender de las recompensas y los castigos o del placer y el dolor. Eso es evidencia cotidiana. Y ciertamente, en tiempos de correr por la selva húmeda o la sabana y aun recientemente sin duda, posiblemente fuera mas importante aprender del castigo y el dolor que de la recompensa y el placer. Eran tiempos aquellos de lucha física por la supervivencia con el entorno. Tiempos de pensamiento sensorial, perceptivo, diversificado. Hoy, sin embargo no tanto. Hoy en tiempos de adquisición de conocimiento abstracto, conceptual, de ideas, de pensamiento epistémico-específico, de aprendizaje mas costoso, se requiere de la alegría para hacerlo bien. Se requiere del placer. En este último aspecto yo sostengo que es la única auténtica vía. Muchos estudios cognitivos lo demuestran. De modo que los tiempos de la varita de abedul golpeando la cabeza del alumno para forzarlo a aprender en la clase pasaron a la historia. Yo sostengo que solo se puede aprender verdaderamente aquello que se ama, aquello que te dice algo, aquello que rompe la monotonía y despierta la alegría y la curiosidad y con ello la obtención de recompensa que te empuja a repetir, de modo constante, ese proceso de aprender y memorizar y adquirir con ello nuevos conocimientos. Sostengo pues que, en nuestras sociedades, en el colegio, en la universidad,  solo se puede aprender aquello que se ama.

JB.- Fue uno de los pioneros en divulgar la neuroeducación en este país. ¿Cómo ve, a día de hoy, la incorporación de estos conocimientos científicos en la práctica del aula?

FM.- La veo necesaria. En estos nuevos tiempos en los que asoma una nueva cultura como señaló en su momento George Steiner, es necesaria una nueva educación fundamentada en principios de metodología científica Y en este contexto de la educación, eso quiere decir tomar ventaja de los conocimientos que aporta la Neurociencia acerca del funcionamiento del cerebro humano junto con la Psicología Cognitiva y la Medicina. Al fin y a la postre aprender y memorizar y educar son una serie de funciones cerebrales que tienen su asiento, no sobre el cerebro como tal, aislado, sino sobre el cerebro en constante interacción biológica con el resto de los órganos del cuerpo y de este cuerpo, como unidad, en interacción cognitiva con todo aquello que le rodea, en particular, los «otros». Y esto último bajo el amparo de ese paraguas que llamamos cultura y que cubre toda transacción humana y particularmente y con relevancia especial, aquellas transacciones que refieren a valores, normas, hábitos de convivencia. Hoy aceptamos, sin reserva alguna, que el ser humano es lo que la educación hace de él. Y en nuestras manos está, como educadores, y en los tiempos de esta nueva cultura, hacer del ser humano un ser mas honesto, noble y capaz de reflejar en los demás la concepción moral y de libertad que concibe para si mismo. Todo esto implica conocer los códigos cerebrales que trae el ser humano al nacimiento y como se ponen en funcionamiento a lo largo del desarrollo. Los períodos críticos o ventanas plásticas que son los mejores tiempos para introducir enseñanzas con mas eficiencia y rendimiento mental.  Y los procesos de plasticidad cerebral y la epigenética. Esto es lo que tanto necesitan las sociedades de hoy.

JB.- Dada la importancia de las funciones ejecutivas, ¿podría elegir una y citar un ejemplo para trabajarla en un aula, y a qué edad sería conveniente hacerlo?

FM.- Son muchas las funciones ejecutivas que hoy se pueden y deben aprender en el aula apoyadas, potenciadas, por ese complemento imprescindible que es la familia. Funciones como la atención y la memoria de trabajo. Inhibición de la impulsividad. Entrenamiento en el cambio constante del foco atencional en el «tiempo pausado» que se requiere, frente al «tiempo urgente y rápido» de internet. Construcción de la autosuficiencia. Dominio emocional del lenguaje. O la requerida en la toma de decisiones. Todas ellas deben comenzar su aprendizaje básico, repetido, de los 3 a los 7 años pues todo ello va construyendo la verdadera individualidad del futuro ser humano. Sin estas bases y a estas edades se hace casi imposible continuar una posterior educación cívica sólida  de los 7 a los 18 años (pubertad y adolescencia). A todo ello aporta un conocimiento imprescindible la Neuroeducación. Si tuviera que citar un ejemplo de una función y una edad para aprenderla como apunte final esta sería la referida al comienzo de la enseñanza de la lectura. Hoy sabemos que es a la edad de los 6-7 años cuando se alcanza la madurez (conexiones sinápticas de las neuronas y mielinización de los axones neuronales) en el cerebro de casi todos los niños de los así llamados territorios de Wernicke en las cortezas parietales y temporales posteriores. Territorios neuronales que son asiento para la conversión de los grafemas en fonemas, base del aprendizaje de la lectura. Maduración necesaria para aprender bien «y con alegría» a leer. A otras edades mas tempranas, y para muchos niños, aprender a leer puede significar sufrimiento.

JB.- ¿Qué contenidos de neuroeducación debieran estar presentes en la formación inicial del profesorado?

FM.- Aquellos que se corresponden con los que muy esquemáticamente acabo de apuntar en su pregunta anterior. Y eso requiere una nueva formación en el profesorado de infantil y primaria. Y posiblemente requiera también de la creación de una nueva profesión futura dentro del colegio que es de la que yo vengo hablando desde hace ya algún tiempo. Me refiero a la profesión del NEUROEDUCADOR. Profesión posiblemente muy importante, junto a la del maestro, dado los nuevos tiempos difíciles que se avecinan con los nuevos conocimientos acerca de como funciona el cerebro. Y es que como nos señala ese aserto, ya casi convertido en meme, llegará un día, no muy tarde, en el que aprender, enseñar y educar sin conocer como funciona el cerebro será algo así como intentar diseñar un guante sin antes haber visto una mano.

JB.- Hay algunos profesores que dicen cuando van a cursos de formación: «antes no nos enseñaban con todo esto -referido a neurociencia y metodologías activas- y, sin embargo, hemos llegado y aquí estamos». ¿Qué les diría?

FM.- Que hay que ser pacientes al tiempo que estar alerta a todo cuanto vaya apareciendo sobre Neuroeducación. Pacientes porque esta neuroeducación no es todavía una disciplina reglada, aun a pesar de la barahunda de masters que aparecen en muchas y varias instituciones. Alerta porque los nuevos conocimientos sobre Neurociencia Cognitiva son siempre difíciles de asimilar por los docentes y su interpretación errónea puede llevar a la construcción de neuromitos, falsas verdades, tan difíciles luego de erradicar en la enseñanza.